Electromovilidad, hacia un movimiento más limpio

 

Luis Gutiérrez

Doctor en Ingeniería Eléctrica y Sistemas de Potencia, de la Universidad de Manchester, Reino Unido, y académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez

 

Para un país como Chile, que lidera ampliamente el triste ranking de las ciudades más contaminadas de Latinoamérica (según el Informe Mundial de Calidad del Aire 2019) un cambio hacia un transporte limpio es imperioso. Sobre esto nos cuenta Luis Gutiérrez, Doctor en Ingeniería Eléctrica y Sistemas de Potencia, de la Universidad de Manchester, Reino Unido, y académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez.

 

El desarrollo de la electromovilidad a nivel mundial presenta una tremenda oportunidad de crecimiento para la minería nacional (particularmente para cobre y litio). Además, a nivel local, la electromovilidad en conjunto con una transición al uso de recursos energéticos renovables es probablemente la dupla más efectiva para reducir los preocupantes niveles de GEI en nuestro país. Adicionalmente, una mayor participación de energías renovables en la matriz energética nacional habilitará la producción de minería sostenible o verde, necesaria en el corto-mediano plazo por temas de imagen corporativa, tanto de las mismas empresas mineras, como las empresas del rubro automotriz.

 

¿Cuáles son los verdaderos beneficios de la electromovilidad para un país como el nuestro?

 

La electromovilidad trae consigo variados beneficios, siendo el principal la reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) desde el sector transporte. Para un país como el nuestro, que lidera ampliamente el triste ranking de las ciudades más contaminadas de Latinoamérica según el Informe Mundial de Calidad del Aire 2019 (25 de 30 ciudades en el ranking son chilenas), un cambio hacia un transporte limpio es imperioso. Lo anterior se alinea con las recomendaciones de un reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente sobre movilidad eléctrica en América Latina y el Caribe, organismo que también ha sido uno de los muchos en destacar cómo, durante la pandemia, los niveles de contaminación ambiental bajaron notablemente en ciudades que implementaron medidas de restricción de movilidad (típicamente a combustión).

En Chile, el 25% de las emisiones de GEI proviene del sector transporte y un 29% del sector de generación eléctrica. Por lo tanto, para reducir los GEI (y mejorar la calidad de vida de nuestra gente) es fundamental avanzar hacia la electromovilidad, pero, al mismo tiempo, debemos descarbonizar la generación de electricidad. De otra forma, el aumento en la demanda eléctrica por electromovilidad podría incluso aumentar las emisiones GEI totales. Afortunadamente, Chile es un país con un potencial envidiable para la generación eléctrica con energías renovables, particularmente teniendo el nivel de radiación solar anual más grande del mundo en el Norte Grande (7,5 kWh/m2/día). El recurso solar comenzó a explotarse mayormente durante la última década, donde la participación de la generación solar fotovoltaica pasó de 0 a 14% de la potencia instalada en el sistema eléctrico nacional (SEN) y donde se acaba de poner en servicio la primera planta de concentración solar de Latinoamérica, Cerro Dominador, que aporta otros 210 MW y con capacidad de almacenamiento, que le permite abastecer demanda durante la noche. Para el sector minero del norte, esto significará contratos de suministro más económicos y también poder reducir la huella de carbono de sus procesos, lo que será cada vez más valioso y buscado por sus clientes.

La electromovilidad también representa una oportunidad para fomentar el desarrollo de industria local relacionada, desde los servicios e ingeniería aplicada al desarrollo de tecnología, dados los recursos minerales del país.

                                                       

¿Y el aporte para la minería?

 

El beneficio más importante para Chile y su industria minera, es que el impulso a la electromovilidad a nivel global significa un gran aumento en la demanda de cobre y litio. Con respecto al cobre, este se usa tanto en los bobinados de los motores eléctricos como en baterías, inversores y estaciones de carga. Si consideramos que un motor para vehículo eléctrico contiene más de 1,6 km de conductor de cobre solo en el estator, y que ya 15 países han tienen planes para prohibir la venta de vehículos a combustión (Bloomberg New EnergyFinance, 2021) es fácil intuir el aumento en la demanda de cobre por la industria automotriz. Es efecto, de acuerdo a la Agencia Internacional de Energía (IEA), un auto a combustión común tiene entre 8 y 22 kg de cobre, uno híbrido no enchufable 38 kg, una híbrido enchufable 60 kg, y uno full eléctrico 83 kg, es decir, un vehículo de pasajeros full eléctrico contiene hasta 10 veces más cobre que uno convencional a combustión. Así, la Cooper DevelopmentAssociation Inc. estima un incremento en la demanda por cobre de 1.700.000 toneladas al año 2027. Del mismo modo, de acuerdo al estudio de Cochilco, Oferta y Demanda de Litio al año 2030, se espera que la demanda por el mineral destinada a electromovilidad llegue a las 1.400.000 toneladas de carbonato de litio equivalente, representando un 80% del total.

 

¿Tiene algún punto en contra?

 

No realmente. Sin embargo, por supuesto que el cambio tecnológico en transporte significará un desplazamiento importante del uso de combustibles fósiles, lo que afectará a su cadena de valor, debiendo dichas empresas transformarse para estar a la altura de los desafíos. En este sentido, varias empresas de combustibles del país ya están incorporando la electromovilidad en su oferta de servicios (electrolineras y otros).

¿Cómo beneficia al desempeño de la producción minera, y al trabajo en general, el uso de sistemas eléctricos de potencia?

 

Dado el nivel de electrificación de los procesos industriales y comerciales, los sistemas eléctricos de potencia son fundamentales para la economía. Ya se ha mencionado que la minería deberá abastecerse cada vez más desde fuentes renovables para reducir su huella de carbono y que en el norte del país se ha avanzado explosivamente en la instalación de plantas de generación eléctrica solares. Aunque hay una evidente sinergia geográfica entre la gran minería del norte y el recurso solar, es necesario que el sistema de transmisión eléctrica también crezca a un paso similar de modo de aprovechar este potencial renovable en el resto del país (y apoyar la electromovilidad). Un gran proyecto habilitador fue la interconexión de los sistemas interconectados del norte grande y central en 2017, que al día de hoy permite transmitir 3000 MW entre las zonas de Mejillones y Copiapó, permitiendo evacuar potencia limpia de norte a centro y que, dado el avance de los proyectos de generación solar, ya se encuentra prácticamente a plena capacidad en horas de sol. Para permitir desbloquear aún más el uso del potencial solar en la zona centro, se construirá la primera línea de alta tensión en corriente continua de Chile (HVDC), proyecto Kimal-Lo Aguirre, que conectará las regiones de Antofagasta y Metropolitana (1500 km), permitiendo la transmisión de al menos 4000 MW y que se espera entre en servicio el año 2030. Esto beneficiará a la industria nacional (más sostenible) y a la minería de la zona centro.

Revista G&M Gestión Minera N°98

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