Nuestras expectativas del mercado del cobre

 

Jorge Cantallopts, Director de Estudios y Políticas Públicas Comisión Chilena del Cobre (Cochilco)

 

En Cochilco actualizamos, recientemente, nuestra proyección del precio del cobre desde una estimación para el año 2021 de US$ 3,30 la libra, publicada en enero pasado, a US$ 4,3 la libra, es decir un ajuste de un dólar en tan solo un trimestre. Similar situación sucedió con nuestro pronóstico para el año 2022, que pasó de US$3 por libra en nuestro informe previo a US$3,95 libra en nuestro informe del primer trimestre. Probablemente sean estos ajustes los mayores cambios en nuestras proyecciones de los últimos años.

¿Qué ocurrió en el mundo o en el mercado del cobre que nos llevó a realizar tan importantes modificaciones?

En primer lugar, es muy importante señalar que en Cochilco realizamos, metodológicamente, nuestras proyecciones sobre la base de los fundamentos del mercado, es decir tomando como elementos esenciales la oferta y la demanda del cobre. Además, influyen otros factores de manera sistemática en el precio de los commodities en general, como el precio del dólar y su relación con las monedas de los principales consumidores de cobre.

Desde fines del año 2020 el precio del cobre mostraba una clara tendencia al alza pero fue especialmente en los últimos días de febrero que el precio del metal aceleró dicha tendencia ascendente, impulsada en términos generales por mejores expectativas económicas a nivel global que se correlacionan con los procesos de vacunación tanto en Estados Unidos como en Europa. A ello se suma la acelerada recuperación de la economía china, especialmente de los indicadores del sector manufacturero exportador y consumo doméstico, que son driver del consumo de materias primas. Si bien en el resto del mundo los índices económicos también se han mantenido al alza, el crecimiento ha sido impulsado, principalmente, por el sector servicios.

En cuanto al valor del dólar, se observó en el período una continua depreciación ante señales que la Reserva Federal no elevaría la tasa de política monetaria al menos hasta el año 2023, descartando de momento presiones inflacionarias pese a las expectativas que anticipan el mayor crecimiento económico de las últimas cuatro décadas.

La continuación de las políticas fiscales expansivas en casi todo el mundo ha generado niveles de liquidez que también han ayudado al impulso en algunos mercados, siendo el cobre de los mas beneficiados, especialmente por las características de reserva de valor del metal, pero también porque en muchos países se espera que parte del nuevo impulso económico lo lideren los sectores de la economía sostenible, en la cual el cobre juega un rol muy importante. Es destacable, en este sentido, lo propuesto por la administración de J. Biden en Estados Unidos,  de implementar un enorme plan de infraestructura que estimularía la demanda de metales industriales, donde las llamadas tecnologías verdes tienen un rol gravitante, marcando un quiebre en esta línea respecto a la administración anterior.

Sumado a todos estos factores más globales, en el caso particular del mercado del cobre el impulso también se explica por factores de oferta. En primer lugar, se han mantenido, y en algunos casos incluso se han acrecentado, los riesgos de abastecimiento a raíz del alza de los niveles de contagios de Covid 19 en algunos de los principales países productores como Perú o Chile, pese al inicio de los procesos de vacunación. Este factor ha influido mucho en las expectativas de precio, especialmente en inversores financieros que durante los meses de marzo y abril hicieron crecer las posiciones largas de cobre, lo que se explica por un brusco aumento de la sensación de escasez a mediano plazo. No obstante, ya durante el mes de mayo estas sensaciones se han ido moderando, en parte por un leve aumento de los inventarios en Bolsa, que alcanzaron en marzo los menores niveles de la última década y también por las expectativas que China utilice sus inventarios estratégicos, lo que ya ha hecho en otros momentos de la historia, especialmente en el llamado Superciclo de precios del cobre entre 2003 y 2013.

En resumen, algunos de los elementos que distinguíamos como potenciales en nuestro informe de enero, terminaron por concretarse y en cierta medida se potenciaron, haciendo subir el precio a niveles históricos. Esto ha llevado que las exportaciones de cobre en Chile al mes de abril hayan crecido un 69%, en relación al año anterior, registrando el mayor valor para el primer cuatrimestre de la última década. Adicionalmente este significativo aumento, según estimaciones de la Dirección de Presupuestos, podría hacer crecer el aporte de la minería desde un 6% a un 11% de los ingresos fiscales, lo que sumado a la reactivación de algunos proyectos, podría ser un enorme impulso a la recuperación económica post pandemia, probablemente desde el segundo semestre del 2021 y con más fuerza el 2022.

Ahora ¿qué esperamos para el futuro? En primer lugar creemos que el mercado ha entrado en un nuevo equilibrio de corto plazo, es decir debería mantenerse fluctuando en los próximos meses en torno a los US$4,4 y US$4,6 por libra, toda vez que la sensación de escasez relativa se mantiene presente, lo que entrega un soporte probablemente por sobre los US$ 4,4 la libra. Por otro lado, algunos anuncios de  actores relevantes de China, más las expectativas de uso de inventarios estratégicos, fija un techo de corto plazo en torno a los US$ 4,86 por libra, que fue el máximo histórico alcanzado el pasado 10 de mayo. No obstante, consideramos que el actual nivel está en gran medida influenciado por componentes especulativos, que de la misma manera como lo hicieron crecer, pueden acelerar una caída en el caso que cambien las expectativas globales del cobre o se presenten mejores oportunidades en otros mercados.

En relación con nuestras proyecciones de mediano plazo, creemos que el mercado transitará lentamente a un nuevo equilibrio hacia el año 2022, y con mayor certeza después del 2023, ya que debiera ser el tiempo para que las mineras actuales normalicen sus procesos operativos, que han tenido impactos reales a raíz de la pandemia y que se traducen en producciones menores a las esperadas. También un periodo para que los proyectos que implican nueva oferta den señales de reactivación para reaccionar a las mejores expectativas de demanda.

 

Sobre el largo plazo, creemos que la demanda de cobre tiene excelentes expectativas y que los mayores riesgos están en la oferta, ya que las incertidumbres regulatorias en algunos países importantes como Chile o Perú, pueden significar un retraso en la concreción de proyectos, manteniendo el precio alto por mayor tiempo. Si bien es una buena noticia para las operaciones actuales y para la economía de los países mineros, puede ser un riesgo de largo plazo toda vez que genera incentivos a la sustitución del cobre por otros metales, pero por sobre todo un incentivo a la sustitución de cobre primario por reciclaje o la búsqueda de nuevos destinos de inversión minera. Un hecho concreto es que, además de Chile y Perú, las mayores alzas de producción de cobre de mina para los próximos años vienen de proyectos nuevos en China, Zambia y República Democrática del Congo, además de un fuerte incremento de la oferta de cobre reciclado. En resumen, somos muy optimistas sobre el futuro del mercado del cobre, y los efectos que este buen momento del mercado pueden tener sobre nuestra economía, pero debemos observar y buscar como dicha expectativa se concreta también en  una mejor oportunidad de desarrollo sostenible para nuestro país.

 

 

 

 

Revista G&M Gestión Minera N°98

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: