Ana Luisa Jouanne: “La reinserción es una de las etapas más críticas de tratamiento”

Ana Luisa Jouanne.

Directora Ejecutiva de Corporación La Esperanza 

 

 

La drogadicción es una realidad presente, que no distingue entre hombres y mujeres, profesión o realidad socioeconomica. Sin embargo, Corporación La Esperanza se ha enfocado rehabilitar y reinsertar gratuitamente a personas de escasos recursos con adicción severa a las drogas ¿habrá afectado la pandemia aún más en el consume en mujeres? Sobre esto conversamos con la Directora Ejecutiva de Corporación La Esperanza, Ana Luisa Jouanne.

 

  1. ¿Cuál es la principal misión de Corporación La Esperanza?

Nuestra principal misión es rehabilitar y reinsertar gratuitamente a hombres y mujeres de escasos recursos con adicción severa a las drogas, así como dar tratamiento a recién nacidos afectados por la exposición a las sustancias durante su gestación, rehabilitar a sus madres y trabajar en el vínculo de apego entre ambos. También, hacer prevención del consumo en escolares y adultos e influir en políticas públicas tendientes a disminuir la demanda de la droga y a incorporar éste como uno de los problemas más importantes de la agenda pública y privada, que requiere una solución intersectorial.

 

  1. Según cifras, se ve un aumento considerable en los últimos años del consumo de drogas por parte de mujeres. A su juicio ¿qué es lo que ha gatillado este aumento, y qué están haciendo en Corporación La Esperanza para ayudarlas?

Según el Estudio Nacional de Drogas en la Población Escolar (ENPE) SENDA, diciembre 2020, el mayor consumo de la mujer chilena se concentra en plena edad fértil (12 a 40 años), especialmente en Marihuana (Con mayor concentración de TCH/ + Dañina/ + Adictiva), donde las mujeres presentan un consumo del 27,7% versus los hombres, 25,9%.

Si uno analiza los distintos factores en las últimas dos décadas puede sacar conclusiones: mayor oferta de drogas, más baratas, más potentes, brusca baja -entre 2011 y 2015- en la percepción de riesgo en drogas de entrada como lo es la marihuana, se equipara el consumo de alcohol, la otra droga de entrada (el promedio del consumo de alcohol en escolares es 27,2% en hombres y 32,7% en mujeres, pero va a la baja). Pero también se suman factores de riesgo externos a la oferta de la droga para la mujer, que incluyen la violencia intrafamiliar en un buen número de casos, el abuso sexual o la actividad sexual en general, baja autoestima y no reconocimiento de su rol y, a la inversa, la búsqueda de igualdad y reconocimiento también ha impactado en el consumo.

También hay factores que remiten a la infancia: la falta de presencia de los padres o de una figura representativa. A lo largo de los 26 años de historia de La Esperanza más del 90% de quienes han estado en tratamiento señalan como “causa“ de su consumo la falta (no percepción) de afecto, de comunicación a la vez que de normas, por lo general asociados a padres que trabajan.

 

En La Esperanza tenemos dos programas para mujeres ubicados en nuestro Centro Santa María de Rancagua: uno destinado a mujeres mayores de 18 años, de escasos recursos y con problemas severos de adicción. A quienes se les ofrece un tratamiento intensivo, gratuito, de abstinencia total y que considera un año de tratamiento de rehabilitación y luego 18 meses de seguimiento, etapa en la que se les acompaña en su reintegración laboral y social.

Por otro lado, en Chile no existen programas específicos para mujeres embarazadas con adicción que también consideren a sus hijos, salvo por el Programa “Naciste Tú”, único en el país y que llevamos a cabo también en nuestro centro de Rancagua, destinado a la rehabilitación de recién nacidos afectados por la droga durante su gestación y de sus madres. El Programa “Naciste tú” tiene como finalidad atender desde sus primeros días al niño que ha sido expuesto a la droga en su etapa gestacional para disminuir en él el daño ocasionado por esto (problemas neuromotores y cognitivos) y favorecer el desarrollo de sus potencialidades, así como evitar que vaya a un centro SENAME o crezca bajo el alero de padres consumidores. Por otro lado este programa también rehabilita a la madre de ese niño y trabaja en el vínculo de apego entre ambos para que sea afectivo y responsable, y así salgan de La Esperanza siendo una familia.

 

  1. ¿Cómo se ha vivido esto en el tiempo que llevamos de pandemia? ¿Han visto un aumento en el consumo en mujeres comparado al año anterior?

Hay dos estudios de SENDA sobre consumo en pandemia y ninguno hace distinción entre hombres y mujeres. Lo primero es que no hay un desborde del consumo, pero tampoco éste se desploma. El comportamiento depende de la droga.  Las cifras hay que verlas con cuidado.

En alcohol respecto de las preguntas más importantes, hay un menor consumo que antes de la pandemia 36.1%, igual consumo 3.9% y más consumo, 22.2%, lo primero es destacar que hay menos gente que aumentó el consumo. Y de acuerdo a la estadística en tiempos normales, el consumo de la mujer adulta es 34.2% prevalencia mes versus 52.5% hombres (SENDA), es equivalente en ambos casos, es decir que es básicamente un consumo social, lo que constituye una importante barrera respecto de consumir a solas en la propia casa. Por eso preocupa que durante la pandemia quienes mantienen su aumento del consumo en casa, sean más de la mitad (56,3%); se puede suponer que gran parte de ellos y ellas, que antes consumía en grupo, con amigos, ahora lo hace en la casa solos. Aunque sea en el marco de encuentros virtuales (no se sabe), este traspaso a consumir solo es un factor de riesgo y no sabemos si levantado el confinamiento quedará instalado como modalidad.

Otro análisis que se desprende del estudio se refiere a las cifras de “aumento” e “igual consumo” de otras drogas al iniciarse la pandemia, pero además entre el 2020 y el 2021 estas cifras son peores. Es el caso de la marihuana (33,4% dice haber usado más y un 39.9% igual cantidad y sólo un 22,2% declara haber consumido menos) y la cocaína (35.5% consume más, 21% igual y 36.7% menos). Llama la atención que en éxtasis y LSD, a medida que avanza la pandemia, hay más gente que aumenta el consumo -29,6%- y son menos los que disminuyeron su uso: 34.7%  vs 50.5% el 2020.

Pero sin duda, la relación deterioro de salud mental y uso de sustancias psicoactivas en pandemia tiene su expresión más evidente en el aumento en un 58% en el uso de medicamentos sin receta médica, entre los que destacan el clonazepam y el tramal, éste en base a opioides y que genera dependencia en un importante número de personas. De todas las alzas registradas en el uso de drogas, un 65% lo relaciona a situaciones de estrés, angustia y ansiedad.

Pienso que el alza de consumo durante la pandemia se podría asociar a una mayor exposición a emociones no placenteras (ansiedad, estrés, anhedonia, alexitimia) debido a la incertidumbre respecto el riesgo para la salud y las medidas de confinamiento (por temor de contagio) y a la situación económica (por pérdida de trabajo o inestabilidad laboral). Por último, sumaría un mensaje público y persistente de información negativa y dramática 24/7 por casi 18 meses a la que casi solo se añaden temas de inseguridad social, aumentan la sensación de vulnerabilidad y angustia.

Este aumento del uso de sustancias ha sido posible porque la oferta no ha cesado y, de hecho, se ha hecho más accesible a través de redes sociales y los servicios de delivery.

 

  1. ¿Qué rol juega la familia, los hijos y el entorno, en la rehabilitación de las mujeres que han caído en el mundo de la droga?

En el caso de la mujer, el efecto familia es muy distinto al de los hombres. Respecto del origen, la edad de inicio es parecida. En su mayor parte la mujer llega sola a tratamiento o no tiene el apoyo incondicional de su madre como pasa en el caso de los hombres. Por otro lado, el temor a perder sus hijos hace que escondan el consumo y tarden en pedir ayuda; en el caso de los embarazos no van a control al consultorio y, cuando lo hacen, refieren ser muy maltratadas a raíz de lo cual, se alejan de los centros de salud hasta el momento del parto.

La familia y el entorno es fundamental. De hecho, la familia también forman parte del tratamiento. En La Esperanza este es uno de los cuatro ejes en los que se trabaja,  con terapias e intervenciones familiares y un énfasis en la recuperación de esa familia cuando, producto del consumo, se ha destruido.

 

  1. ¿Cómo  se les acompaña en su reintegración laboral y social?

En Corporación la Esperanza concebimos la rehabilitación como un tratamiento de abstinencia total que dura entre 10 y 12  meses intensivos, en modalidad internado o ambulatoria (diurna y vespertina), junto a 4 líneas de trabajo: psicológica, laboral, familiar y espiritual/cultural que completa la visión humanista del método en La Esperanza. Después de ese tiempo, acompañamos al usuario durante 12 meses en el ámbito de la reinserción laboral, social y familiar. En esta etapa, se reincorpora laboralmente (condición excluyente) y asume su rol familiar y social de persona, teniendo o no discapacidad. Solo después de ese período, se considera que ha concluido con éxito su tratamiento, clasificándose como “reeducado”.

El objetivo principal de nuestro tratamiento no se circunscribe solo a la problemática del consumo, sino también a restituir una vida con calidad y sentido; en algunos casos ayudando a instalar y desarrollar por primera vez las habilidades necesarias para eso.

La reinserción es una de las etapas más críticas de tratamiento, porque luego de estar 1 año en un sistema protegido, y lógicamente tras el daño cognitivo y/o aislamiento de su entorno familiar y social por causa del consumo, el individuo debe enfrentarse al mundo social y laboral con las herramientas ya adquiridas.

Si la persona egresa estando cesante, las posibilidades de recaída aumentan exponencialmente. De ahí la exigencia de que todo usuario salga con un trabajo en el cual desempeñarse y/o una instancia de estudios formales.

El trabajo no solo permite tener un oficio y ganarse la vida honradamente, sino ser un sujeto consciente y libre. Tal como señaló el papa Juan Pablo II en su encíclica Laborem exercens (1981): “El trabajo es un bien para el hombre –es un bien de su humanidad- porque mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza, adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en cierto, sentido, se hace más hombre”.

Por otro lado, los programas de La Esperanza se han profesionalizado y especializado cada vez más, constituyendo un modelo único y adaptado a la realidad nacional.

 

 

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