El Regreso

Marcello Marchese

Presidente del Consejo Asesor de Finning Sudamérica.

A propósito de lo que estamos viviendo, recuerdo lo que decía un destacado profesor chileno que enseñaba Enel MIT, EE.UU., a principio de los años 90. “Si no estás en Internet vas a desaparecer, las ventas en lugares físicos van a dejar de existir y la gente ya no visitará malls, supermercados ni tiendas, la mayoría de las transacciones y relaciones serán virtuales”. Han pasado casi ya 30 años desde ese entonces, y si bien es cierto los patrones de compra han cambiado y hay más canales distintos para hacerlas, también es cierto que se han construido más supermercados y malls en estos años. De hecho, los malls han girado hacia ser un centro de reunión y paseo, como lo eran las plazas públicas de hace 50 años o más.

Muchos dicen por estos días que esta pandemia que estamos viviendo va a cambiar la forma de relacionarnos, que ya no seremos tan cariñosos al saludarnos o reunirnos, que guardaremos distancia entre nosotros, que seremos más desconfiados, que el comercio electrónico ganará por sobre el físico, que el teletrabajo impactará en las relaciones laborales y en los tamaños de oficinas, y en muchas más.

Podríamos elaborar diversas teorías, incluyendo incluso, algunas de tipo apocalípticas sobre cómo será el regreso a la vida cotidiana después de esta pandemia. Pero creo que esta situación nos ha demostrado que más que nunca, la cercanía entre nosotros; el mirarnos al hablar, el reírnos o compartir nuestras penas en una reunión de familia o amigos, darnos la mano, abrazarnos, besarnos, sentarnos a una mesa con los que queremos, apoyarnos, hacer un salud por mucho motivos y así tantas cosas que involucren nuestra presencia, es básica para una buena convivencia, para hacer comunidad, para expresarnos, para crecer, para reconocer y ser reconocidos, para agradecer, para apoyar y ser apoyados, para nuestra salud mental y tantas otras razones que me hacen tener una mirada positiva que volveremos a conectarnos con nosotros y los otros. En resumen, para sentirnos seres humanos valorados nos necesitamos unos a los otros, interactuar físicamente y expresarnos de la misma forma.

No nos angustiemos, como dijo Heidelberg “hay que cerrarle las puertas a la angustia”.

 

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