Restauración Ecosistémica Interna: acciones para hacernos cargo de nuestro pasado

Todo centro urbano desde su formación altera la trayectoria natural del ecosistema nativo que ocupa. Por ejemplo, el valle de Santiago tiene hoy un comportamiento muy diferente al que tenía cuando la ciudad fue fundada por Pedro de Valdivia. A su vez, ese escenario de 1541 fue distinto al que encontraron los primeros humanos en asentarse en esta parte del continente americano hace algunos milenios. Efectivamente los emplazamientos humanos modernos generan diversos cambios en la dimensión espacio-temporal que ocupan y por ende en el ambiente. Un simple edificio que se proyecta sobre un predio sin previa utilización  humana, provoca una eliminación de la vegetación que en él crece, reduce la infiltración de las aguas lluvias directas hacia el subsuelo e impide la nidificación de fauna entre otros fenómenos naturales.

 

Al respecto la legislación chilena ha avanzado en asuntos de Impacto Ambiental obligando a los titulares de las iniciativas a proponer medidas mitigatorias, compensatorias y restauradoras. Sin embargo, no hay una preocupación por los efectos que comenzaron hace más de un siglo, y que se siguen generando. Por ejemplo: si no existiesen esos 2 Km3 de infraestructura y equipamiento y actividades propios de la ciudad de Santiago de Chile ocupando un ecosistema nativo; aquí se capturaría a través de fotosíntesis mucho más CO2, se daría cobijo a más aves y mamíferos silvestres, se conservaría mayor la humedad en el suelo, se atraparía mayor radiación solar y hasta sería un hábitat más propicio para insectos polinizadores. Sin embargo, estos fenómenos no se vienen presentando porque la existencia de la ciudad así lo ha estado impidiendo. Por lo tanto, una ciudad responsable debe hacerse cargo de toda su existencia, devolviendo al ecosistema nativo lo que alguna vez accidentalmente le quitó y lo que le sigue privando. En el caso de Santiago y otras ciudades chilenas tal premeditada devolución se torna más valiosa conforme el ecosistema donde ellas se han emplazado sufre otras privaciones por causas distintas tal como la reducción de la disponibilidad hídrica en el Valle Central atribuida al Calentamiento Global.

 

Para alcanzar dicho objetivo una vez establecido el espacio inicial de referencia (nativo, colonial, pre-republicano u otro) desde donde la responsabilidad se pretende asumir, la primera etapa consiste en simular las interacciones de energía, materia e información entre la ciudad con su ecosistema. Luego se debe medir la interacción actual para identificar la diferencia. Enseguida se debe diseñar el sistema interno de la ciudad destinado a devolver las componentes positivas de la interacción que fueron privadas.

 

Por ejemplo, a través de una retro-simulación se puede calcular la masa vegetal que debería existir en la superficie ocupada por Santiago de Chile sin la existencia de esta metrópolis, determinar la funciones ecosistémicas que dicha masa tuvo y luego poblar con nueva vegetación algunos lugares disponibles dentro de la misma urbe de tal manera que ella se comporte de manera parecida a la pretérita.

 

La Restauración Ecosistémica Interna tal como se ha denominado a la presente propuesta, pretende ser una práctica que se hace cargo del inexorable pasado y de la suma de todos aquellos impactos negativos de las ciudades sobre su entorno. Por lo tanto, la simulación, la historia y la ucronía son conceptos claves para que esta restauración tenga éxito. En efecto, puesto que no se puede viajar hacia el pasado; sí la tecnología disponible permite realizar ahora las acciones para devolverle al ecosistema lo que alguna vez se le quitó.

 

Dr. Lucio Cañete Arratia

Facultad Tecnológica USACH

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